El mito de la música comercial

Actualizado: ene 31

En este compendio pretendo sembrar dudas razonables con respecto a la idea de la autonomía de la música, es decir, su capacidad de mantenerse en pie sin subsidios del estado y la capacidad de los músicos de subsistir exclusivamente bajo un modelo de mercado.


Primero lo primero. ¿De dónde viene esto?.


La idea de que la música (y el arte en general) debe (o puede) sustentarse exclusivamente a partir de un modelo de mercado, ha tomado una inusitada fuerza en los últimos años, gracias a la popularización de ideologías capitalistas y libertarias, las cuales se inclinan hacia una menor -sino mínima- intervención del estado. Esta mínima intervención, también implica la reducción del gasto público en ministerios y otras agencias que se pueden llegar a considerar "innecesarias", como podría ser un ministerio o consejo de cultura. Entonces, lo que se asume es que el arte (cualquier disciplina artística), debería o podría ser capaz de sostenerse sobre la dinámica de oferta y demanda, sin apoyo estatal. Esta idea ha estado respaldada por la noción (o el mito) de que las nuevas plataformas han democratizado el acceso y la difusión. Algo así como un "sueño americano" para cultores.


Pues nada más lejos de la realidad. A continuación he listado algunos fenómenos de la industria que, espero, logren derribar este mito o, al menos, planteen razonables dudas sobre lo que usualmente se promociona como 'oportunidad', y que ha infundado la idea de que las artes pueden entenderse como otro bien de consumo, donde la extinción de una forma de arte puede ser igual a la extinción de un producto, una marca, devorada por otra más poderosa. Algunos ejemplos están en español y otros en inglés.


Pero antes, una pequeña observación: Si bien el concepto de "Música Comercial" se acota a aquella música que ha sido compuesta y producida para ser comercializada a una audiencia amplia a través de cualquier medio, es un concepto amplio y hasta controversial, sobretodo porque otras músicas que se consideran 'de nicho', han ampliado sus estrategias de difusión para capturar una mayor audiencia, a través de las mismas plataformas, formatos e incluso trucos que la música comercial. Dicho de otra forma, la modernidad ha 'igualado la cancha' para distintas formas de arte.


Vamos con ello. Al final, un resumen.


"Cómo Tik Tok ha roto la industria musical". Por Volkgeist (en inglés). Este vídeo habla de cómo funciona la música en la plataforma Tik Tok, cuya difusión está estrictamente ligada al éxito del vídeo que la acompaña. Los Tiktokers con mayor alcance reciben grandes sumas de dinero de las empresas musicales y managers para hacer que una canción se haga viral. Payola 2.0.


El nuevo sistema de Spotify que en realidad es una enrevesada forma de "pagar-por-reproducción" (Payola). Una nueva forma de abuso y estafa a los artistas.



El abuso de los contratos discográficos. Por Jaime Altozano


Las industrias musicales y los sellos discográficos atentan contra la difusión y la educación bloqueando y cerrando canales de divulgación por unos cuantos dólares. Por Rick Beato (en inglés)



Un balazo en el pie. Cómo artistas que bloquean toda reproducción de su contenido evitan su propia oportunidad de ser (o volver a ser) difundidos. Por Rick Beato (en inglés)


Las grandes industrias musicales siguen intentando ganar a costa de sus artistas. Por Alvinsch (en español).



¿Spotify es democrático?. No. Las mismas estrategias mafiosas de los 1950s son usadas hoy por la industria actual. Compra de seguidores fantasma, pagos por reproducción (payolas) y mucho más. Por Full Stack Creative (en inglés).




Cómo las leyes de copyright nos roban. Por David Bruce (en inglés)


Lo prometido. Un resumen.


Hacia lo que todos estos vídeos han apuntado es la influencia de la industria musical (reflejada en unos pocos grandes sellos discográficos y plataformas de difusión) sobre el mercado musical, es decir, la forma en la que se hace, difunde y consume la música. La dinámica es la siguiente: una empresa con el suficiente poder económico controla los medios de producción (salas de grabación, fabricación de formatos físicos) y difusión (pago a las radioemisoras para emitir su música, pago directo a plataformas de difusión o pago indirecto a través de anuncios). Esta empresa decide qué artistas serán exitosos y bajo qué términos contractuales: Qué música harán, cómo la harán, cuánto recibirán de ventas, y un largo etcétera. Mientras más poderosa la empresa, mayor mercado abarca, incluyendo la compra de discográficas pequeñas y de negociar directamente con los medios de difusión (Payolas).


Ahora, ¿podría sobrevivir un género musical como la ópera o la música sinfónica a esta dinámica de mercado?. Pues si no se está bajo la sombra de un gran sello, difícilmente se podrá percibir alguna ganancia. Pero el gran problema radica en que, a diferencia de un artista solista, los gastos de estos géneros musicales son bastante mayores, aún sin contar el descarado aumento de costos, bajo la idea promovida por la industria del espectáculo de vender lujo y exclusividad (quienes alegan elitismo en la música 'clásica' están equivocados, el elitismo lo ha promovido una industria y lo ha mantenido un grupo de artistas que quiere un trozo de ese pastel). Por lo tanto, estos géneros, como muchos otros, no sobrevivirían sin un aporte estatal o privado, lo que a su vez depende de cómo se estructura cada sistema y del contexto de cada país.


"¿Y qué", diría el capitalista, "si no puede venderse, entonces que se muera, seguramente a la gente no le gusta y ya".


Pues déjeme decirle amigo capitalista imaginario creado para reafirmar una idea: Una forma de arte, a diferencia de una marca de jabón o un refresco, no es una empresa creada para profitar, sino una expresión humana, que muchas veces data de miles de años, la cual arrastra una tradición, una identidad y una historia. Su extinción sería, a la vez, la extinción de todo lo que se ha construido antes que nosotros; la extinción de una sofisticación que representa nuestra sed de conocer y de desarrollarnos, de conocer nuestros límites (¿qué es el purismo técnico del ballet clásico sino la demostración de las habilidades del cuerpo humano, ya sea para expresar o para maravillar?).


Si quiere, amigo imaginario, podemos llevarlo a su propio terreno, el de las libertades individuales que, asumen, son protegidas de mejor manera a través de un modelo de libre mercado. ¿Qué pasa con la libertad de su prójimo si, a través de este mismo modelo, una forma de arte de la cual él disfrutaba queda extinta?. ¿Pagaría usted más, incluso todo el costo, por un bien que, por razones de mercado, no puede sostenerse más?. Si no lo haría, ¿asume usted entonces que su libertad está limitada por el gusto de muchos otros?. ¿No sería más 'libre' el tener la posibilidad de gozar de aquello que gusta aún cuando fuese parte de una minoría?, ¿no es eso precisamente lo que hace el estado cuando subvenciona las artes?. I rest my case, your honor.





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