Carta abierta a los (nuevos) estudiantes de música


Comienza un nuevo año académico para miles de estudiantes de carreras musicales en Chile. Lo obvio, no es un año como cualquier otro, ni siquiera como el 2020, pues el peso de sostener algo, por liviano que sea, por tiempo prolongado, lo convierte en una carga a veces insoportable. Si mis colegas con 20 o 30 años más de experiencia que yo han sentido la carga de la incertidumbre, el vértigo y el silencio -me incluyo-, me imagino que algunas palabras de apoyo a quienes recién comienzan este camino no estarán demás. Los siguientes no son "consejos de sabio", ni "la voz de la experiencia", sino solo una conversación amigable donde me toca imaginar al interlocutor (algo ya normal en la soledad del confinamiento). Una opinión, si se quiere, que por más segura que parezca, sigue siendo la opinión de uno más, entre muchos.


Quiero referirme a tres conceptos que tienen que ver con el tiempo: la decisión, la técnica y el éxito. ¿Qué tienen que ver con el tiempo?. El tiempo es una variable que afecta todo lo que nos rodea. El tiempo es la distancia entre la pintura y la música; el camino entre la vida y la muerte; el instante vacío y el instante lleno. El tiempo es aquello que -sobre todo este año- nos punza a diario, manifestando su pesada existencia, mientras se va difuminando hacia el pasado hasta que lo recordamos como algo tan fugaz que parece no haber existido. El tiempo es ese demonio Nietzscheano que te conmina a vivir la misma vida una y otra vez. El tiempo es, entonces, la eterna pregunta: Si te tocara vivir esta vida nuevamente, tal y como la has vivido, ¿rechinarías los dientes o agradecerías a lo divino la oportunidad de vivir algo tan extraordinario?.


Decidir implica ver el futuro a la cara. Decidir es invertir. Al decidir estudiar música, aún sin saberlo, has invertido en un negocio cuyo retorno se calcula en base a la pasión que sientes por ella. Haber decidido estudiar música es emprender un camino a sabiendas de que no volverás. Al menos, no volverás a ser tú mismo. No por nada la sociedad desconoce al músico (y al artista), pues es aquel que se despoja de sí mismo y de los demás en búsqueda de un estado de éxtasis (estar fuera de sí y fuera de todo), quizás con el fin de ver la verdad en las estructuras básicas del universo (como un científico) o de responder la más grandes de las interrogantes (como un filósofo), o de sentir algo inexplicable (como un religioso). Seguramente tu decisión ha tambaleado. Es de esperar. Tenemos una sociedad y un sistema en el que posiblemente no te sentirás valorado. Posiblemente no sientas la compañía de tu familia, de tus amigos o de tu pareja, pero déjame probar la fuerza de tu decisión: Si has sentido el desgarro de enmudecer al no haber música; si has guardado con recelo cualquier conversación sobre música porque simplemente "es demasiado personal"; si tu pecho frío sólo se ha derretido con "esa" obra, entonces, tu decisión es cierta. Pero, si por el contrario, tu existencia en la música es tan circunstancial como lo podría ser en cualquier otro oficio, te aconsejo abandonar. La certeza de tu decisión no se mide por tu talento, ni menos por el de otros, eso ya te esperará en alguna parte del largo camino que emprendes. La certeza de tu decisión se mide por el dolor que te provocaría estar sin ella.


La técnica. Para mí es el puente entre tu cabeza y el lienzo; entre el mundo creativo y el mundo físico. La técnica es como un regulador de nitidez a tus ideas. Podemos imaginar la escultura más bella, más intrincada, más detallada, pero sin manos hábiles que trabajen el mármol, las ideas seguirán encarceladas. Persigue la técnica, cualquiera que creas útil para tus fines. La técnica, en cuanto al tiempo, es el devenir, el constante presente. La técnica representa las noches sin dormir; las jornadas de aprendizaje y práctica, y esos pequeños momentos que, uno tras otro, significan un descubrimiento, y por tanto, son como orgullosas banderas en la cima de montañas cada vez más altas. Por supuesto, la técnica no es arte (aunque exista una relación etimológica). Arte, para mí, bebe del conocimiento (episteme), de la opinión (doxa) y se manifiesta a través de la técnica, apelando al sentir estético. Es la técnica, así como la tecnología, la que abre el camino a nuevos conocimientos y nuevos doxas. Despreciar la técnica es negocio de charlatanes.


Si la decisión es una apuesta al futuro y la técnica es un devenir, el éxito, ¿qué es?. Quizás esta es la pregunta más difícil. ¿Es estar en un lugar determinado?, ¿es ser aclamado por la crítica?, ¿es el aplauso y la lágrima de un auditor?, ¿es algo medible en dinero o en visitas?. Es difícil hablar de éxito en cuanto a fin si no hay vida suficiente para alcanzar algún final en la música. Simplemente es demasiado compleja, demasiado extensa, demasiado misteriosa. Si me preguntas a mí, el éxito no existe. Sería demasiado apresurado sentirse exitoso con tanto camino por recorrer y tanto que queda por saber. Con algo tan inmenso como la música, creo que lo único que podemos sentir es agradecimiento.


El gran cellista, Pablo Casals, al ser preguntando por qué seguía practicando su instrumento a los noventa años, respondió: "Porque creo que estoy progresando". Si Pablo Casals no mide su éxito en discos, premios y salas de conciertos, entonces no debería hacerlo nadie. Lo mejor a lo que un artista puede aspirar es a los logros, y no cualquiera, sino a los logros personales, aquellos que te hacen mejor que ayer y, en lo posible, que ayuden a que el arte permanezca en movimiento.


Pero, ya que hablamos de aquel largo camino que no cabe en una sola vida, entonces déjame advertirte: si abandonas la música en cualquier momento de tu vida, estás abandonándola antes de tiempo. Ten cuidado, porque quienes abandonan la música, no la abandonan realmente, solo le dan la espalda para ser asechados por ella cada día.


¡Bienvenida/o!. Si has llegado hasta esta parte de la lectura con la misma convicción con la que empezaste a leer, estás tomando la decisión correcta. Si en algún momento de tu carrera te sientes cansado, recurre a alguien más, compartan experiencias, sacúdanse todas esas ideas del arte que sólo generan toxicidad. Recuerda siempre que la música comenzó dentro de ti y nada ni nadie te la puede arrebatar. Cuídala, respétala, úsala a tu favor y en favor de los demás. Todo el tiempo que invertirás en esto valdrá la pena.





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