Arte(s), Cultura(s) y la nueva constitución


Obra: Daniel Palominos

Ad portas de un plebiscito que podría significar un contundente cambio en la actual constitución Chilena, los actores culturales nos preguntamos cómo se configurarían las artes y las culturas en una nueva carta magna. A continuación revisaremos la actual constitución y algunas otras de distintos países para evaluar el nivel de protección que ella provee y eventuales escenarios a barajar.


¿Qué dice la actual constitución de Chile?


Los conceptos <Arte(s)> y <Cultura(s)> aparecen mencionados dos y tres veces, respectivamente, en la actual constitución, a saber:


Capítulo III DE LOS DERECHOS Y DEBERES CONSTITUCIONALES Artículo 19. La Constitución asegura a todas las personas: 25.- La libertad de crear y difundir las artes, así como el derecho del autor sobre sus creaciones intelectuales y artísticas de cualquier especie, por el tiempo que señale la ley y que no será inferior al de la vida del titular.


Capítulo XIII GOBIERNO Y ADMINISTRACION INTERIOR DEL ESTADO ADMINISTRACION COMUNAL Artículo 107.- (Párrafo sexto) Las municipalidades podrán asociarse entre ellas para el cumplimiento de sus fines propios. Asimismo, podrán constituir o integrar corporaciones o fundaciones de derecho privado sin fines de lucro cuyo objeto sea la promoción y difusión del arte, la cultura y el deporte. La participación municipal en ellas se regirá por la ley orgánica constitucional respectiva.


Capítulo III DE LOS DERECHOS Y DEBERES CONSTITUCIONALES Artículo 19.

10.- (sobre el derecho a la educación) Corresponderá al Estado, asimismo, fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación.

Capítulo XIII GOBIERNO Y ADMINISTRACION INTERIOR DEL ESTADO

GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN REGIONAL

Artículo 100 - (párrafo segundo) La administración superior de cada región radicará en un gobierno regional que tendrá por objeto el desarrollo social, cultural y económico de la región.


Capítulo XIII

GOBIERNO Y ADMINISTRACION INTERIOR DEL ESTADO ADMINISTRACION COMUNAL

Artículo 107.- (párrafo cuarto) Las municipalidades son corporaciones autónomas de derecho público, con responsabilidad jurídica y patrimonio propio, cuya finalidad es satisfacer las necesidades de la comunidad local y asegurar su participación en el progreso económico, social y cultural de la comuna.



En primer lugar, la constitución asegura la libertad de crear y difundir las artes de todas las personas, lo cual califica indirectamente al acto de censurar o prohibir aquella libertad como inconstitucional (cosa que revisaremos más adelante). Este artículo se acompaña de la mención a la propiedad intelectual, la cual comprende una mayor porción del inciso, señalando además una definición de 'derecho de autor' en los siguientes párrafos, y ampliando la garantía de propiedad hacia la industrial, considerando las patentes de invención, marcas comerciales, etc. Es el inciso número 26 el que detalla el nivel de protección de lo antes mencionado, a saber: (26).- La seguridad de que los preceptos legales que por mandato de la Constitución regulen o complementen las garantías que ésta establece o que las limiten en los casos en que ella lo autoriza, no podrán afectar los derechos en su esencia, ni imponer condiciones, tributos o requisitos que impidan su libre ejercicio.


Atendiendo al ejercicio de los mencionados derechos, existen desde ya varias cuestiones que podrían considerarse anticonstitucionales. Atendamos primeramente la materia de la libertad creativa, derecho en el cual se circunscriben los mandatos, deberes y descripciones orgánicas. Acá tendremos que limitarnos exclusivamente a aquellas censuras y prohibiciones que ejerce el Estado, es decir, aquellas que ejerce el poder político de turno y no a aquella que recae en la opinión de grupos de interés, privados u otros. Para dejar en claro, debemos considerar que el Estado (en particular uno de sus elementos, el poder, concentrado en el organismo administrativo) es quien hace primer ejercicio de las leyes fundamentales plasmadas en la constitución. Por ello, cualquier acción que se considere como anticonstitucional, ejercida por algún organismo no estatal o individuo, debe ser revisada y sancionada por alguno de los poderes constitutivos del estado, poderes que se configuran según qué partido político está al poder. Es así como aparece más de un actor en torno a un acto de censura: Existen los grupos de interés, los partidos políticos, las instituciones públicas, los ministerios (y sus lineamientos), y cualquier otra estructuración no privada que, en razón de su ideología, atente contra el derecho a la libertad de crear y difundir las artes.


Pues bien, además de ejemplos como Felipe Rivas vs (ex) Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2016) o Ángela Ramírez vs Centro de Justicia de Santiago (2018), cuya censura se esconde en los recovecos técnico-administrativos y la perspicacia burocrática de quienes manejan los fondos y espacios públicos, existen censuras que se disfrazan astutamente de lineamientos, de encauses editoriales por parte de los ministerios, gobiernos y municipalidades que se justifican, según ellos, mediante el fin mayor de configurar y definir qué es y qué no es la imagen cultural de la nación. Vemos constantemente el sello editorial de los gobiernos de turno estampados en los concursos públicos: La línea de Violeta Parra en los fondos del MINCAP, el homenaje anual a algún pueblo originario por parte de la DIRAC, y otras condicionales de igual naturaleza que generan un doble mensaje. Por una parte, sí, el rescate de los grandes seres humanos que han influido en nuestra cultura histórica es necesario, pero ¿necesario por parte de quién?, ¿de nosotros los ciudadanos o de los ministerios?. ¿Deben los ministerios hacerse cargo del devenir cultural, de qué se define por cultura y cómo debe manifestarse?, y más importante, tratándose de fondos públicos reducidos, en comparación con otras carteras, y por los cuales los artistas literalmente nos peleamos, ¿no son estos lineamientos una forma de 'imponer condiciones'?. En estricto rigor, es una olla común que se reparte a partir de criterios que condicionan el qué se va a crear, por lo tanto, representa una libertad a medias.


Detengámonos un momento y analicemos la naturaleza de esta problemática. Don Gustavo Bueno propone, en su libro "El Mito de la Cultura", la siguiente definición, dice él:


"Sin embargo, el término cultura, cuando se utiliza en contextos político- administrativos, por ejemplo en el contexto de los 'Ministerios de Cultura', todavía cobra un significado distinto y, por cierto, más reducido del que es propio de los contextos científico-antropológicos. Nos referiremos, por ello, a esta acepción del término cultura con el nombre de cultura circunscrita, puesto que, sin duda, esta acepción constituye una circunscripción, más o menos artificiosa, del 'todo complejo'. Por lo demás, los contenidos incluidos en la cultura circunscrita se tomarán, no sólo de la capa intrasomática (que contiene, por ejemplo, danzas o canciones de coro o de solista), sino también de la capa intersomática (desfiles, deportes colectivos) y de la extrasomática (pinacotecas, edificios del patrimonio histórico artístico, etc.). Ahora bien, los criterios connotativos de la 'circunscripción ministerial' son arcanos y sus límites -los límites de su denotación- extraordinariamente imprecisos y borrosos".


Aquí, Gustavo Bueno hace mención al "todo complejo", propuesto por Tylor en 1871 desde su visión etnográfica, en la que la cultura es constituida por el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, las leyes, las costumbres y cualquier otra capacidad y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad. Por tanto, la cultura se circunscribe en tanto su definición a la jurisdicción de su propio ministerio, así como las ciencias y el deporte se circunscriben a los suyos, aún cuando todo forma parte de la cultura. Es esta condición de ser administrada por un cuerpo estatal, la que hace que un ministerio de cultura deba actuar como un ministerio de turismo, por ejemplo, donde aquello que se promueve no es la libertad creativa, precisamente, sino ciertos elementos de la cultura que se alineen con una imagen preconcebida, diseñada, si se quiere. Don Gustavo añade, "(...) Y como, además, las operaciones de circunscripción están llevadas a cabo por los diferentes Estados miembros de la sociedad universal de las Naciones Unidas, los valores circunscritos como propios de cada Estado tendrán que ser reconocidos por todos los demás, como de hecho lo hace «institucionalmente» la UNESCO*. Por tanto, los ministerios cumplen también funciones diplomáticas, y los objetos expresivos (los resultados materiales de la creación artística), en el caso del ministerio de cultura y organismos similares, deben cumplir con cierto grado (siempre difuso y entre líneas) de representación de aquello que es definido como LA cultura de un país.


*Nota del autor: Estatutos a los cuales se suscribe el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (Ley: 21.045)


¿Qué dicen otros países?


Ahora, qué sucede respecto a la libertad de creación en otras constituciones. La sección número 8 del artículo I de la constitución de los Estados Unidos declara: (The Congress shall have Power) to promote the Progress of Science and useful Arts, by securing for limited Times to Authors and Inventors the exclusive Right to their respective Writings and Discoveries. Aquí, la única mención que se hace de la palabra "artes" (pues no se menciona la palabra "cultura" en todo el documento), refiere a las "artes útiles", término victoriano contrario a las bellas artes o a las artes performáticas, y referente a aquellas sujetas a la manufactura. Aún así, esta es la cláusula que promueve las leyes de patentes y derechos de autor que protege a otros tipos de propiedad intelectual. Se entiende que la constitución norteamericana defiende la libertad de creación bajo su primera enmienda, prohibiendo al congreso reducir o limitar la libertad de expresión, prensa o reunión. Dicha libertad de opinión es defendida por la actual constitución chilena en su artículo 19, inciso número 12: "La libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, en cualquier forma y por cualquier medio, sin perjuicio de responder de los delitos y abusos que se cometan en el ejercicio de estas libertades, en conformidad a la ley, la que deberá ser de quórum calificado". Sin embargo, el mismo artículo estipula la creación de un Consejo Nacional de Televisión con autonomía y cuya estructura y funciones es definida mediante ley de quórum calificado. Algo parecido sucede con la ley que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el cual reza en su artículo número 2: "El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (en adelante "el Ministerio") será la Secretaría de Estado encargada de colaborar con el Presidente de la República en el diseño, formulación e implementación de políticas, planes y programas para contribuir al desarrollo cultural y patrimonial armónico y equitativo del país en toda su diversidad, reconociendo y valorando las culturas de los pueblos indígenas, la diversidad geográfica y las realidades e identidades regionales y locales, conforme a los principios contemplados en la presente ley". Dichos principios parecieran no ser totalmente intocables por las políticas de gobierno, por ejemplo, entorno a la ley de música chilena aplicada en la evaluación de fondos concursables. ¿En qué términos entonces se califica la libertad de los cultores?. El caso de Francia, el país que más dinero aporta al desarrollo cultural y artístico, detalla de mejor manera el droit à la culture, el cual garantiza el igual y libre acceso a la cultura para niños y adultos. Aunque cada vez más democrático y pluralista, el ministerio de cultura francés no ha estado exento del gusto personal y de la 'línea editorial', ya desde su primer secretario, André Malraux, considerado mayormente conservador. La constitución chilena, por su parte, otorga al Estado la labor de fomentar y estimular la creación artística, y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación (art. 19, Nº10). Acá cabe hacer una comparación. Al igual que el Ministerio de Cultura creado por Charles de Gaulle en 1959, el (ex) Consejo de Cultura chileno se embarcó en dotar de centros culturales a una buena parte del país y de estructurar un modelo para el financiamiento de las artes. Claro, con algunas excepciones a las cuales debemos poner atención. Desde la más rudimentaria lógica, cualquier recorte o redestinación de recursos que afecte negativamente a cualquier institución cultural o patrimonial, como la que actualmente (y como siempre) sufren los elencos artísticos nacionales (con casos gravísimos como el del CEAC), debiese ser catalogado como anticonstitucional, pues atenta contra dicho fomento, estímulo, protección e incremento cultural. ¿Qué ha sucedido, por ejemplo, con el caso del inexistente Teatro Regional de La Serena?. ¿Pueden ser sus actores acusados de prácticas anticonstitucionales al no dar buen cause ni gestión a un proyecto de fomento cultural?. La misma lógica puede aplicarse a la redistribución de recursos de fondos de desarrollo regional que signifiquen un considerable desbalance del sector cultura, en favor de los otros dos objetivos del gobierno regional (desarrollo social y económico).


El artículo número 5 de la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania estipula, bajo el título "Libertad de expresión, artes y ciencias" que (1) Toda persona tendrá el derecho de libremente expresar y difundir sus opiniones en forma hablada, escrita y mediante imágenes, y de informarse sin obstáculos de fuentes accesibles. La libertad de prensa y reportajes por medio de transmisiones y películas será garantizada. No habrá censura. (2) Estas leyes encontrarán sus límites en la provisión de leyes generales, en provisión para la protección de los jóvenes y en el derecho al honor personal. (3) La enseñanza y la investigación de las artes y las ciencias será gratuita. La libertad de enseñanza no libera a ninguna persona de su lealtad ante la constitución. Aquí la constitución materializa la importancia de la cultura y las ciencias al democratizar su estudio y enseñanza, de modo que la adquisición de conocimiento por vía privada es una opción que no implica una diferencia substancial con aquella que asegura el estado. Comparemos lo referente a la educación con la constitución chilena, la cual expresa que tanto la "educación básica y la educación media son obligatorias, debiendo el Estado financiar un sistema gratuito con tal objeto, destinado a asegurar el acceso a ellas de toda la población" (Art. 19 Nº10) y que "los padres tienen el derecho a escoger el establecimiento de enseñanza para sus hijos" (Nº 11). Si bien la gratuidad está cubierta en el sistema público para le educación básica y media, y de forma parcial en la educación superior, las artes no están particularmente protegidas constitucionalmente, ni en términos de financiamiento especial, ni de protección ante las diferentes reformas de planes educacionales.


Sugerencias


En resumen, la constitución actual asegura la libertad de crear y difundir las artes, permitiendo a las municipalidades la constitución/integración de corporaciones o fundaciones para la promoción y difusión del arte y la cultura. Además, designa como objeto de los gobiernos regionales el desarrollo cultural de la región, al mismo tiempo que determina la finalidad de las municipalidades de asegurar su participación en el progreso cultural de la comuna. Desde la educación, encomienda al Estado el estímulo a la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación.

En primer lugar, se hace necesaria una definición para cada concepto, arte(s) y cultura(s). El droit à la culture francés es el derecho al cultivo de la mente y el espíritu, así como el acceso al conocimiento acumulado en la historia y a la creación de nuevo conocimiento. En términos ideológicos, Chile además encuentra necesario el reconocimiento a la pluralidad intrínseca al concepto de cultura, razón por la cual se utiliza el vocablo en plural, "culturas". Esta variante del término cultura puede resultar útil para asegurar la protección del patrimonio y la cultura material e inmaterial de los distintos pueblos originarios, en función de que la realidad histórica del país no da sentido a la característica universalista del singular 'cultura'.


La actual constitución hace una distinción entre cultura y sociedad. Cuando habla de "desarrollo social y cultural", da a entender que la cultura no es un elemento de la sociedad como lo estipula la teoría funcionalista-estructural, sino una realidad por sí misma, cuya función no se delimita exclusivamente a lo social. En este sentido, el "desarrollo cultural" no sería lo mismo que la protección y el cuidado de "las culturas", en cuanto el primero atiende al cultivo del propio espíritu y la propia mente a través del acceso libre al -y la creación de- conocimiento, mientras que el segundo atiende a una definición simbólica, donde la cultura representa un conjunto de símbolos de un grupo social específico y diferenciado de otros grupos sociales, por ende, de otras culturas.


En cuanto a las artes, éstas deben entenderse como uno de los componentes de la cultura. Debido al amplio debate sobre lo que se considera 'arte', no sería menester de la constitución definir qué elementos entran en esta categoría, sino qué define al arte por sobre otras expresiones materiales e inmateriales del ser humano (o qué la separa del discurso, la opinión y la propaganda, por ejemplo). En este sentido, la etimología de la palabra nos es útil para dar con una definición específica.


Etimológicamente, 'arte' proviene de dos raíces, a saber, del latín ars/artis y del griego, techne. La primera, de mayor parentesco fonético, ha derivado hoy en día en aquellas prácticas que, opuestas a la scientia, están destinadas a la percepción estética, al intelecto y al ocio. Por su parte, la raíz techne ha derivado en la palabra 'técnica', la cual se aplica comúnmente a aquellas aplicaciones prácticas que mejoran la vida humana. Ahora, una acepción muy generalizada de la palabra Ars, como aquello que sale del intelecto e inspiración propia del artista, la ha alejado del concepto de 'técnica', en cuanto ésta refiere (en la actualidad) a un conjunto de procedimientos y protocolos para obtener un resultado predeterminado. Sin embargo, las nueve musas de la 'técnica', descritas por Homero, ya abrazan el conjunto de artes existentes. Es así como Euterpe es la musa de la música, Terpsícore, de la danza, y Polimnia, de los himnos y los cantos, etc.


Para acercar ambas acepciones, primero debemos ser suspicaces frente a aquello de "inspiración propia del artista/creador". Ya la etimología de la palabra 'idea' hace referencia a 'lo visto', por tanto posee una cualidad apotética, independiente de la realidad sensible, como lo estipula Platón. La 'creación' no es, entonces, una idea cristiana (que surge ex nihilo, sin causa material), sino el producto de 'lo visto' en el mundo, de la relación de un sinfín de elementos en el consciente e inconsciente del artista (artis=colocar, ajustar), cuya materialización pasa por una técnica, por un ordenamiento que se ha aprendido o adquirido de una u otra forma y cuyos límites son, a su vez, los límites de la cultura. Cuando se habla de 'la enseñanza de las artes', hacemos referencia no a la enseñanza de 'la inspiración personal', sino a la de un conjunto acotado de técnicas pertenecientes a una institución (de unos fundamentos) artística en particular (la institución musical occidental, la institución musical árabe, etc.). Esta acotación nos parece muy interesante en cuanto engloba no sólo la protección de un concepto inmaterial, sino también la protección de las instituciones (establecimientos) en donde se enseña, se traspasa, se practica y se difunde el arte. Además, hace reconocimiento a la pluralidad de técnicas (artes) que surgen de distintas culturas, pues aquí no hablamos de "bellas artes", ni ninguna otra especificación, sino de aquellos objetos expresivos que provienen de una 'forma de hacer' específica, cuya finalidad es, o incluye (como en el caso de la artesanía) el placer estético y la comunicación de un mensaje simbólico.


Visto lo visto, algunos puntos a considerar en una nueva constitución:


- Fortalecer la protección a la libertad de expresión, creación y difusión, asegurando que ningún organismo estatal posea facultades de censura.


- Fomentar y asegurar la enseñanza de las artes como pilar esencial de la educación formal y asegurar la gratuidad de los estudios artísticos superiores.


- Garantizar el libre e igual acceso a la cultura, otorgando tal deber (y no sólo la posibilidad) a los estamentos regionales y comunales.


- Asegurar la subsistencia de las instituciones culturales, no sólo las denominadas patrimoniales.


- Reconocer y proteger la pluralidad de culturas que co-existen (y aquellas extintas) en el territorio nacional, evitando que la imagen cultural de Chile dependa de ideologías y políticas ministeriales, sino del proceso orgánico de una cultura universal. Fomentar no es controlar.


Al ser un documento de leyes fundamentales, consideramos que la participación de las artes y las culturas deben ser desde la educación, el acceso, la protección, el reconocimiento y el fomento/fortalecimiento. La praxis ha demostrado que la precariedad del sector cultural y artístico va más allá del funcionamiento de los ministerios, de las políticas públicas o de los recortes presupuestarios. Dicha precariedad va enraizada en una constitución que no reconoce los pilares del desarrollo humano y resulta tremendamente imprecisa al definirlos. La constitución reconoce a la familia como núcleo fundamental de la sociedad, pero un servidor cree que es el individuo el núcleo de la sociedad, quien a través del cultivo intelectual, espiritual y valórico da fortaleza a todo organismo mayor, sea familia, comunidad o la sociedad toda, que sólo se desmorona por la debilidad de sus elementos.


Esperemos que una discusión más profunda pueda materializarse hacia la redacción de una nueva constitución.


Manuel Figueroa-Bolvarán

Ma. Cultural Diplomacy and International Music

Licenciado en Música


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