Reflexiones sobre el amor


Da Capo - Lento y Expresivo

En "El Banquete" de Platón, Diotima de Mantinea, la vidente que establece una profunda conversación con Sócrates, revela que el amor no es algo bueno, sin embargo, tampoco algo malo. Para Diotima, Eros era un intermedio entre los dioses y los hombres, un Daimón. Si los dioses eran perfectos y los humanos imperfectos, entonces Eros - el amor - no era un dios sino un portador, un mensajero entre el mundo mortal y el inmortal. Su imperfección radica en que el amor desea las cosas bellas y buenas, pero siendo el deseo en sí mismo una carencia, entonces Eros es carente, imperfecto, no divino.

La idea platónica del amor, entre las muchas discutidas en "El Banquete" es aquí la más decidida. No por nada es a través de dos personajes - Sócrates y la sacerdotisa - donde Platón impone y refuerza esta idea. Si lo bueno y lo bello es entonces algo de lo que el amor carece, y por tanto desea, entonces ¿es lo bueno y lo bello perfecto?. Si el amor, siendo imperfecto, desea poseer eternamente a lo bueno y lo bello, ¿son éstas cualidades eternas?.

Variación 1.- Andante Maestoso

La aporía socrática referente al amor, es decir, el callejón sin salida donde las innumerables reflexiones van a parar, tiene entre ellas una que vincula amablemente la proporción y el número con la idea de belleza. La influencia de Pitágoras en cuanto lo bello comprende armonía y simetría, siendo un símil del orden del universo y la naturaleza. Entonces, si el amor desea belleza y bondad, y éstas son entendidas como la armonía del universo, del alma y de las cosas, ¿es la armonía algo perfecto?.

Quizás esa pregunta sólo debe responderse en cuanto nuestra posición respecto a lo armonioso. En el análisis de las doctrinas platónicas de Crombie, se reconoce que Platón creía en una 'afinidad' entre los hombres y la belleza, donde los hombres malvados tendrán un deficiente sentido de la belleza y que ésta producía placer en los hombres por afinidad con su armonía interna. Ahora tenemos un nuevo elemento, el placer.

El amor desea belleza y la belleza nos afecta en forma de placer, vibrando a la par con nuestra armonía interna. Entonces, ¿no está esa belleza ya en nuestro interior, oculta, esperando vibrar con un cuerpo de iguales características?. De ser así, Eros no es un carente, sino un buscador introspectivo.

Además, Platón sugiere que la belleza debe ser entendida como elementos irreductibles, partes de un todo que por sí solos son bellos, son deseados. Entonces, la armonía de estos elementos no debe o tiene que ser perfecta, sólo debe entrar en simpatía con quien la observa y, finalmente, la desea.

Jacques Lacan, queriendo o no, roza estos conceptos platónicos a través de su visión del deseo en el psicoanálisis. El deseo se ve influenciado por el Gran Otro, es decir, el objeto del análisis no es lo deseado, ni el deseo en sí mismo, sino la posición de quien desea respecto a ello, y desde allí, la diferencia entre saber y no saber qué es lo que se desea.

Tempo I

Volvemos a las palabras de Diotima, la vidente. En su diálogo con Sócrates, ella le enseña los asuntos eróticos a modo de ritual de iniciación. En primer lugar, dice, desde la juventud inclinarse hacia los cuerpos bellos y crear bellos discursos a partir de su presencia, primero hacia uno en particular, luego hacia todos los cuerpos bellos. Luego de reconocer la belleza como única y la belleza como un conjunto, se puede considerar entonces la belleza de las almas como superior a la de los cuerpos. A través del ser consciente de la belleza del cuerpo y del alma, y mediante el propio discurso hacia sus virtudes, aparece la contemplación de la belleza del saber.

Sólo después de conocer estas formas de belleza - pues la belleza toma formas - podemos contemplar la belleza de los elementos, irreductibles, que no nacen ni perecen, crecen o se disminuyen. Todas las cosas pueden ser bellas en cuanto contengan elementos bellos, pero sólo podemos reconocer aquella belleza cuyos elementos también poseemos, sin saber que los poseemos. Volviendo a Lacan, entonces el verdadero deseo, por tanto el verdadero amor, es aquel donde no podemos explicar realmente por qué lo deseamos, y ciertamente no es lo que creemos que debemos desear. Ese deseo obedece a lo que creíamos como carente, pero que en realidad habita dentro de nosotros, sólo reconocible por un inconsciente, una vibración interna (un logos) en espera de armonizar con otra.

"Eso está desafinado" - Variación 2 - Allegro giusto

Aún no hemos respondido a dos preguntas: ¿Es la armonía algo perfecto? y ¿es lo bueno y lo bello algo eterno?. Si bien podemos deducir que dos elementos en armonía son en realidad uno, y por ello un complemento 'perfecto', no podemos asegurar que esa es una perfección cuantificable y no un producto de la subjetividad humana.

Con esta primera pregunta, volvemos a ponernos en la posición del sujeto en primera persona. Sea o no la armonía algo cuantificablemente perfecto, lo que debería importar es si los hombres reconocemos como perfecto lo realmente perfecto. Es más, cabría preguntarse si, independiente de si podemos reconocer una cosa de la otra, sentimos más placer con el 'todo' o con el 'casi'.

Galileo observó que la frecuencia del movimiento pendular de una de las lámparas de la catedral de Pisa tenía relación con su longitud, entonces, se podía establecer a voluntad la frecuencia alargando o acortando la longitud de un péndulo. Siglos más tarde, del corazón de la Universidad de Glasgow aparece un instrumento llamado armonógrafo, el cual ocupaba el mismo principio en base a dos péndulos unidos a un lápiz que representaba en papel las figuras realizadas por la interacción de las frecuencias de movimiento de los dos péndulos, oscilando uno en relación a otro, al igual que un intervalo sonoro es una relación de oscilaciones.

Las figuras logradas por los distintos tipos de "intervalos" producidos por los dos péndulos logran fascinar, a la vez que dar una 'visión del sonido' muy acorde tanto a la naturaleza matemática del sonido como a nuestra capacidad humana de entender - y ahora ver - los sonidos consonantes y disonantes. Sin embargo, existe una riqueza visual y un determinado encanto al desajustar ligeramente estas proporciones, dando un 'casi' a la perfección matemática de las armonías. Precisamente este es el punto interesante. No sólo interesa que el deseo de la belleza y de las cosas buenas sea a partir de la afinidad entre quien desea y el objeto deseado - la armonía - sino también importa que esta afinidad no sea perfecta. Debe existir un 'casi' en esa proporción de resonancia entre una persona y otra.

La naturaleza de la música ya se había adelantado a esta idea de la perfección incompleta. Los sistemas de afinación posibles, incluido el del Temperamento Igual, siempre tendrán una pequeña desviación en la relación de sus intervalos, ya sea la coma pitagórica que afecta a la completación del círculo de quintas; el Temperamento Igual con su leve diferencia en la relación de quintas, las imperfecciones del Temperamento Justo, y un largo etc.

De otra manera, el arte, mientras más se afana en buscar la perfección, menos interesante es. Su cercanía a lo 'real' lo convierte en cotidiano, en tanto una obra de arte hiperrealista únicamente asombra desde el punto de vista del virtuosismo. Ese 'casi' le otorga humanidad a las creaciones, nos hace cercanos a ella y nos vincula con nuestra propia imperfección. Las cosas bellas y buenas, entonces, no son perfectas sino 'casi' perfectas. Si, según Diotima, Eros no es un dios, entonces no es perfecto y desea cosas imperfectas, pero las desea porque para su propia existencia aquellas cosas sí son perfectas, armónicas, consonantes, bellas y buenas.

Coda - Molto Allegro

A saber, el amor desea las cosas bellas y buenas que hacen resonar los elementos bellos y buenos ocultos en el propio ser, imperfecto como llega a ser el humano. El amor es vibración por simpatía, pero también es violento. Dentro de la variedad de teorías nacidas en el último cuarto del siglo XX, existen las llamadas Teorías de Cuerdas. Sus principios fundamentales hablan del 'estado vibracional" de las partículas subatómicas, es decir, se comportan y ven como una serie de cuerdas, cuyas diferencias vibratorias dan lugar a distintas partículas (electrones, fotones, quarks). Leonard Bernstein, en una de sus conferencias en la Universidad de Harvard, hace una relación entre la música y la creación, bien sea desde el punto de vista religioso o el científico. En esta analogía, Berstein hace referencia a "En el principio fue el verbo" (Juan 1:1, La Biblia), donde "verbo" es la traducción romántica de 'logos', la cual, dentro de sus varias acepciones, existen tanto la de 'palabra' como la de 'Ser' (para Heráclito), entre otras.

Dentro de esta acepción - 'palabra' - ya sea como concepto o como cultismo filosófico, no se desprende de su particularidad sonora, del fonema. Gorgias dice: "¿Cómo una cosa que no ve podría quedar aclarada para él?, Pues lo mismo que la vista no reconoce las palabras, el oído no reconoce los colores, sino más bien la palabra. Y quien habla produce un logos, no el color o la cosa". "Un logos escuchado no puede vehicular nada que no sea relativo al oído". Este argumento revela, así como algunas pocas interpretaciones del concepto, que "palabra" es en sí misma "sonido". También, logos como palabra/sonido y como "ser", en tanto un ser interno (Heráclito) o un ser con Dios (Bíblico), son relativos a la armonía, al "dos hacen uno". Es así como: "En el principio fue el verbo" puede significar que en el principio hubo sólo sonido, sólo vibración. Quizás, la Teoría de Cuerdas está describiendo el origen de todo como el propio sonido, aquel que en términos físicos es vibración, perturbación de un estado inerte, entropía que genera vida, creación en el estado más puro.

Dije, sin embargo - y con toda propiedad - que el amor es violento. El filósofo esloveno, Slavoj Žižek, hace una reflexión que nos dirige hacia esta violencia, hacia el "desequilibrio cósmico" de la creación y del amor. Las cosas emergen desde un vacío perturbado, desde la vibración de elementos subatómicos, creando otros elementos que forman nuestra realidad, que dan vida al universo completo. Así mismo, este eros como buscador de su intervalo consonante, de su 'resonador', está preparado a perturbarse, al desequilibrio. Este desequilibrio presupone, como ya he planteado, que aquellos elementos bellos y buenos no vibran en perfecta simpatía, en matemática perfección, sino más bien en una suerte de 'casi' unísono. Este desequilibrio nos explica por qué 'caemos' en el amor (to fall in love).

Este unísono imperfecto, separado por una imperceptible 'coma', no es para nada un despropósito. Por muy pequeña que sea la diferencia que enriquece la no perfecta unión entre dos cuerpos vibratorios, ésta hace que las cualidades de cada uno permanezcan intocables, sólo unidas entre sí porque una hace vibrar las cualidades de la otra, sin desaparecer una dentro de otra. Este 'vacío' que queda entre la idea de perfección y la perfección misma es lo que mantiene al amor en un estado de deseo, es decir, es la parte que explica la exactitud de la ecuación del Eros. Si Jacques Lacan se encontrase ante esta situación, quizás debería asumir que ese vacío es el indicio de que estamos conscientes de lo que estamos deseando. Bajo la premisa de que "no sabemos lo que realmente deseamos" Lacaniana, deviene el claro ejemplo de que "dejamos de desear lo que ya poseemos", pero, ¿cómo se explica un amor que ya no desea algo más?, ¿cómo se rompe este impulso del deseo?. La respuesta, como he anticipado, está en ese espacio "cuántico" que nos hace tener lo deseado e, inconscientemente, seguir deseándolo.

Ese mismo vacío que hace al arte, arte. Ese espacio entre lo perfecto y lo humano que nos acerca hacia una creación artística porque entra en profunda resonancia con nuestros elementos bellos y buenos. Esa resonancia que explora nuestros miedos, los saca a flote, los huele, los investiga y los redime. Aquella distancia que genera deseo, pero no deseo por otra cosa, sino deseo por aquella creación que está allí, con elementos bellos y buenos, esperando resonar con los nuestros. Ese es el "Je ne sais quoi"" del amor. Esa es la cualidad invisible, pero esencial. El amor como arte.

Al menos eso creo yo.

Con todo amor para mi consonancia 'perfecta'.


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