Creatividad en la institución


"No hay nada malo con Brooks. Solo está institucionalizado, eso es todo. […] El hombre ha estado aquí cincuenta años Heywwod ¡Cincuenta años!. Este lugar es todo lo que conoce. Aquí, él es un hombre importante, un hombre educado. Un bibliotecario. Afuera no es más que un viejo desgastado con artritis en ambas manos. No podría siquiera conseguir un carnet de biblioteca si lo intentara. […] Estos muros son curiosos. Al principio uno los odia, luego se acostumbra a ellos. Entonces el tiempo pasa y terminas dependiendo de ellos. Eso es estar "institucionalizado". […] Ellos te envían aquí de por vida y eso es justo lo que toman de ti. En cualquier caso la parte que cuenta." .- Shawshank Redemption

Lo que en esta escena, Red (Morgan Freeman) intenta señalar, casi con premonitoria certeza sobre sí mismo, es algo que por mucho escapa de las confinadas paredes de una cárcel. El "estar institucionalizado" pertenece a la estructura que nosotros mismos hemos creado con fines de automatizar las soluciones, destruyendo así la flexibilidad y creatividad de las que estas soluciones se nutren.

En el ámbito universitario, este Überbau (superestructura) no sólo obedece al engranaje burocrático que encamina el funcionamiento estructural de la institución, sino que establece los patrones de comportamiento de todos sus elementos, académicos y estudiantes. En primer lugar, debemos entender que este entramado que legisla la dinámica de la institución no contempla variables, pues, como buen sistema automatizado, considera a su objeto sólo como un sistema y propone su funcionamiento con algoritmos. Estatuto tras estatuto, la institución destituye al humano de su participación activa en los procesos de desarrollo, los cuales dependen íntegramente de la creatividad y pertenecen al campo de las ideas. En la institución queda muy poco espacio para interpretar la ley, pues tal trabajo descansa solamente en los hombros de algunos que, posiblemente, sus años de servicio les han convertido en unos "institucionalizados".

Así, las paredes de la institución - la infraestructura - también se hace presente de manera más que imaginaria, también como un activo invisible, un muro ideológico auto-creado a través del cruce de las leyes que, cuando fueron dos o tres sencillos acuerdos, no hacían daño a nadie. Una norma es, en sí misma, un elemento complejo, capaz de relacionarse con otras, creando redes rígidas, cada vez menos comprometidas con la realidad variable, inconsistente, inconsecuente. No olvidemos que estos últimos atributos de la realidad son el caldo de cultivo de la vida misma, sólo la variabilidad es capaz de buscar un nuevo orden, el cual no puede permanecer inmutable si la finalidad es buscar más vida.

"La producción de entropía contiene siempre dos elementos dialécticos: un elemento creador de desorden, pero también un elemento creador de orden. Y los dos están siempre ligados". - Ilya Prigogine.

La creatividad, ausente en los sistemas basados en algoritmos, así como en los entramados que mediante normas y estatutos establecen una suerte de Jenga imposible de ganar, es una habilidad cognitiva que necesita desarrollarse en un sistema elástico, con el espacio suficiente para disminuir los procesos logísticos y permitir los procesos imaginativos. Las ideas no deben estancarse en la resolución de problemas ligados a las limitaciones de lo normado, sino abrirse campo a los límites que la propia imaginación, la realidad y el sentido común proponen.

En una escena de la película Brazil (1985), el Oficial de Arresto dice: "Este es su recibo para su marido... y este es mi recibo por su recibo". En pocas palabras, y con toda naturalidad, ambos asumen la excesiva formalidad que alguna vez pudieron haber detestado.

Pero, ¿por qué no funciona independientemente una (la institución) de la otra (la creatividad)?. Precisamente, Red (Morgan Freeman), da en el clavo: "Estos muros son curiosos. Al principio uno los odia, luego se acostumbra a ellos". Ese descontento es la creatividad encontrándose con las paredes de la institución, los límites de la norma y la inflexibilidad de las leyes. Unos años más tarde, aprendes a zigzaguear entre alguna que otra norma que no se acomoda totalmente al tamaño de tus ideas (estrategias que, claro está, se han vuelto normas informales). Si a esta altura aún no te has dado cuenta que de alguna forma estás siento corrupto, entonces estás a un paso de acostumbrarte a esos muros; de estar "institucionalizado".

Ese descontento, con los años, se transforma en parte de conversaciones de pasillo tan vacías como "Este es su recibo para su marido... y este es mi recibo por su recibo". Ya no existe el odio por las paredes, las ganas de hacerlas más grandes, con más grietas, con más luz. La superestructura gana, porque de alguna forma ese engranaje tiene cierta inteligencia. De cierta forma esa estructura ha hecho todo por nosotros, por años. Los estatutos, los programas, las normas y los procedimientos condujeron nuestras acciones por tanto tiempo que ya no existe creatividad, ni ganas de destruir las paredes.

¿No deben existir normas?. Claro que sí, pero no puede existir un sistema que supere nuestra propia capacidad de reflexión.

UN SÍNTOMA: CORRECCIÓN POLÍTICA

Vïdeo: Slavoj Žižek - La corrección política es una forma más peligrosa de totalitarismo. - Big Think

Si existe alguna duda de cómo un entramado burocrático puede influenciar el desarrollo natural de los elementos que componen una institución - y de la institución misma -, tenemos la corrección política, aquella sofisticada forma de eufemismo que inundó la macro y micro política del mundo.

El campo de las ideas es un campo libre de eufemismos y libre de considerar algo como bueno, malo, posible, imposible, correcto o incorrecto. La imaginación debe ser libre. Sin un proceso dialéctico no puede existir la creatividad. Así mismo, en un grupo de personas creativas, bajo el techo de una institución que defiende el conocimiento y el desarrollo humano, no puede aceptarse ningún tipo de corrección política.

Entonces, ¿Por qué todo lo institucional aniquila su propia capacidad de desarrollo?.

Precisamente porque se funda sobre un constructo rígido, porque necesita de seres humanos creativos que traspasen las paredes, que interpreten y ajusten los estatutos, las leyes y las normas. La institución necesita ser odiada, así como el cambio necesita de crisis; el ictus de la anacrusa, la solución del problema.

¿Contra quién luchar?.

Ese es otro problema. La estructura no tiene rostro. Nadie puede responder por ella sin la voluntad de hacerlo, nadie puede cambiarla sin el poder para ello. Cuando nos preguntamos cómo enmendar una norma descubrimos casi siempre que no hay nadie detrás de ella, que existió "desde siempre" y para siempre, y que entra en conflicto con otras. Tal como el juego de la Jenga, extraer una norma puede colapsar todo una estructura, aunque esto no la convierte en imprescindible, mucho menos necesaria. Quizás está allí sostenida por otras que le dieron sentido a un contexto específico, pero inútil ante las posibilidades que enfrenta la cambiante realidad. Únicamente volviendo al estado creativo podemos deshacer el entramado rígido de las instituciones, pero para ello debemos volver a odiar esos muros que por años creímos inofensivos. Una feliz paradoja es el hecho de que la "institucionalización de la creatividad" propone un desafío que la misma creatividad debe enfrentar, lo cual debe motivarnos a volver a pensar, siendo que el actuar ya es presa de la automatización.


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